
...pero nosotros confundimos a menudo lo uno con lo otro. Esperar es aguardar lo que la fe nos hace conocer: se trata, a buen seguro, de cosas oscuras, aunque incomparablemente más plenas. Esperar es aguardar con una confianza ilimitada lo que no conocemos, pero de parte de Aquel cuyo amor sí conocemos. Recibimos en la misma medida con la que esperamos.
O esperar o actuar, según las circunstancias... En ambos casos nos pide el Señor radicalismo, esto es, o esperar a fondo o actuar a fondo. Esperar lo que no depende de nosotros es una buena ocasión para poner en Dios una confianza sin fisura.
Cuando debemos intervenir en algo verdaderamente supera nuestras posibilidades, es preciso confiarlo a Dios. Y confiarlo a Dios significa fiarse de Él. Para que esta confianza sea real, efectivamente buena, no debemos dejar sitio en nosotros a la inquietud. Lo que el Señor nos pide es creerle Dios, esperar en Él. Esperar, de bruces sobre la tierra, pero esperar con una esperanza vital, indestructible. (M. Delbrêl, del libro Indivisibile Amore) ;-)





