Una vez iba un hombre en su coche por una solitaria carretera cuando de pronto su coche comenzó a detenerse hasta quedar estático. Bajó y trató de averiguar que tenía, pensando que pronto podría encontrar el desperfecto, pues hacía muchos años que lo conducía; sin embargo, se dio cuenta de que no encontraba el fallo. apareció otro coche, del que bajó un señor a ofrecerle ayuda. El dueño del primer coche le dijo: -Mira este es mi coche, lo conozco y no creo que tú sin ser el dueño lo puedas o sepas hacer algo. Insistió y se puso manos a la obra, encontrando en pocos minutos el fallo. El dueño del coche le preguntó:-¿Cómo pudiste arreglar el fallo si es MI coche?. Le contestó:-Verás,yo inventé el motor rotativo que usa tu coche.
Cuántas veces decimos:-"Esta es MI vida; este es MI destino..." !Déjenme a mí sólo que puedo resolver el problema! Pero... ¿Quién hizo la vida? ¿Quién nos ha creado? Sólo Aquel que es el autor de la vida y del amor, puede ayudarnos cuando nos quedemos tirados en la carretera de la vida. Al ponernos delante suyo no podemos menos que llenarnos de asombro. Os dejo sus datos por si alguna vez necesitáis a un excelente "mecánico":
Nombre: DIOS
Dirección: TODO LUGAR
Horario: 24 h/día, 365 días al año por toda la eternidad
Garantía: POR TODOS LOS SIGLOS
Respaldo: ETERNO
Teléfono: No tiene. Baste con que pienses en ÉL con FE.
jueves, 23 de abril de 2009
miércoles, 22 de abril de 2009
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domingo, 19 de abril de 2009
"Me caes muy bien, Tomás" por D. Daniel Padilla
A mí, qué quieres que te diga, me caes muy bien, Tomás. Quizá sea por la cuenta que me trae, ya que me siento muy retratado en ti. O simplemente porque comprendo las sucesivas etapas de tu actitud. Ya lo sé desde siempre, y basándonos en las mismas palabras, te hemos llamado "el incrédulo". Y nos hemos quedado tan anchos. Pero estoy seguro que el "tono" que empleó Jesús -"no seas incrédulo"-, fue un tono afectuoso, de exquisita amistad, con una gota de ironía. Como si te dijera: "¡Vaya Tomás, te ha tocado sufrir! ¡Lo siento! ¡Ya pasó todo! ¡Ven a mis brazos, incrédulo!" Por eso, me caes bien. Y, lo repito, comprendo todos tus pasos.
Primero. Tu huida. El evangelio dice sin explicaciones: "Tomás no estaba con ellos". ¿Habías huido? ¡Qué va, por Dios, que va! Tú, simplemente, no podías soportar la cháchara de tus compañeros que repetían y repetían: "Y ahora, ¿qué hacemos?" Empezaba a invadirte una agobiante claustrofobia entre aquellas paredes. Y abriste la puerta y... saliste. Sin más. Para llorar a solas. Para seguir dando vueltas en tu cabeza a los recuerdos. Para tratar de reconstruir, sobre el propio terreno, los pasos de Jesús. Para tratar de entender cómo lo pueden dejar tan sólo. No. Tú no huiste.
Segundo. Tu rabia. Lo tuyo no era falta de fe. Lo tuyo era "rabia". (Y perdona que interprete así tus famosas palabras: "Si no meto mis dedos en las llagas... no creo".) Eso era rabia. Una rabia infinita y terrible. Una gran contrariedad. Y tus palabras fueron como esas papeletas que hacemos todos, cuando todo nos sale mal. ¡Sales un momento a rumiar las cosas con más sosiego, con más intensidad, y, en ese momento aparece Jesús. Y, encima, tus compañeros, como chicos con zapatos nuevos, te pasan la miel por los labios: "¡Hemos visto al maestro! ¡Hemos visto al maestro!". Te descentraste, eso fue todo. Y soltaste todos los disparates que se te ocurrieron. Eso es lo que solemos hacer todos cuando aquello que más queremos presenciar, al fin ocurre, ¿y nosotros?
Tercero. "Señor mío y Dios mío". Pero lo que de verdad me entusiasma de ti, y me enternece, y me llena de envidia, son las palabras que tú, "estando con ellos", pronunciaste, "a los ocho días": "Señor mío y Dios mío". Son las palabras de un verdadero creyente. Son la llegada y entrega de alguien que ha recorrido un difícil itinerario de fe. La rendición de un luchador que se humilla sin condiciones. Son palabras que tienen el mismo carisma que el "Qué quieres, Señor, que haga" de San Pablo o aquellas de San Agustín: "¡Qué tarde te conocí, hermosura siempre antigua y siempre nueva!". Son la oración-síntesis de un alma orante. Contienen el reconocimiento de que, sin Jesús, no podemos nada de nada. "¡Señor mío y Dios mío!" ¡Qué hermoso ejercicio repetirlas cuando nos hemos pasado de rosca y deseamos volver al buen camino! ¡Qué bello decirlas esas noches que nos sentimos muy cansados y no tenemos ganas de hacer una oración larga!
Primero. Tu huida. El evangelio dice sin explicaciones: "Tomás no estaba con ellos". ¿Habías huido? ¡Qué va, por Dios, que va! Tú, simplemente, no podías soportar la cháchara de tus compañeros que repetían y repetían: "Y ahora, ¿qué hacemos?" Empezaba a invadirte una agobiante claustrofobia entre aquellas paredes. Y abriste la puerta y... saliste. Sin más. Para llorar a solas. Para seguir dando vueltas en tu cabeza a los recuerdos. Para tratar de reconstruir, sobre el propio terreno, los pasos de Jesús. Para tratar de entender cómo lo pueden dejar tan sólo. No. Tú no huiste.
Segundo. Tu rabia. Lo tuyo no era falta de fe. Lo tuyo era "rabia". (Y perdona que interprete así tus famosas palabras: "Si no meto mis dedos en las llagas... no creo".) Eso era rabia. Una rabia infinita y terrible. Una gran contrariedad. Y tus palabras fueron como esas papeletas que hacemos todos, cuando todo nos sale mal. ¡Sales un momento a rumiar las cosas con más sosiego, con más intensidad, y, en ese momento aparece Jesús. Y, encima, tus compañeros, como chicos con zapatos nuevos, te pasan la miel por los labios: "¡Hemos visto al maestro! ¡Hemos visto al maestro!". Te descentraste, eso fue todo. Y soltaste todos los disparates que se te ocurrieron. Eso es lo que solemos hacer todos cuando aquello que más queremos presenciar, al fin ocurre, ¿y nosotros?
Tercero. "Señor mío y Dios mío". Pero lo que de verdad me entusiasma de ti, y me enternece, y me llena de envidia, son las palabras que tú, "estando con ellos", pronunciaste, "a los ocho días": "Señor mío y Dios mío". Son las palabras de un verdadero creyente. Son la llegada y entrega de alguien que ha recorrido un difícil itinerario de fe. La rendición de un luchador que se humilla sin condiciones. Son palabras que tienen el mismo carisma que el "Qué quieres, Señor, que haga" de San Pablo o aquellas de San Agustín: "¡Qué tarde te conocí, hermosura siempre antigua y siempre nueva!". Son la oración-síntesis de un alma orante. Contienen el reconocimiento de que, sin Jesús, no podemos nada de nada. "¡Señor mío y Dios mío!" ¡Qué hermoso ejercicio repetirlas cuando nos hemos pasado de rosca y deseamos volver al buen camino! ¡Qué bello decirlas esas noches que nos sentimos muy cansados y no tenemos ganas de hacer una oración larga!
jueves, 26 de marzo de 2009
EL PERAL
domingo, 22 de marzo de 2009
Reflexionando... si hubiera estado allí
Comparto con vosotras una canción que me ayudó a meditar la pasión de Cristo, como si presente me hallase...
...Si hubiera estado allí, mi Jesús...
Pensándolo mejor, también yo estaba allí!!
...Si hubiera estado allí, mi Jesús...
Pensándolo mejor, también yo estaba allí!!
sábado, 21 de marzo de 2009
jueves, 19 de marzo de 2009
Madre Cecilia Cros
"Momento sublime y transcendente si logra despertar nuestra responsabilidad de acción y sobre todo de vida sobrenatural. Si, exuberancia de vida sobrenatural supone nuestra vida de apostolado, sin aquella nos agitaríamos hasta el agotamiento tal vez, pero no obraremos el bien que Jesucristo espera de nosotras. "
Carta de la M. Cecilia Cros, 1951
Me llama la atención este texto, en este periodo especial que es la cuaresma me parece el texto justo...porque nos invita a vivir con exuberancia, pero no la exuberancia de quien hace grandes cosas, sino la exuberancia de Nazaret, del día a día, en las pequeñas cosas, en vivir estos signos que el Señor nos regala y que transforman cada día haciendolo diferente. Espero que esta exuberancia esté presente en nuestras vidas y que vaya acompañada con la responsabilidad de acción, porque sabemos que el Señor está esperando que hagamos esto para Él, para las personas que conocemos y para aquellas que encontraremos en el futuro.
Carta de la M. Cecilia Cros, 1951
Me llama la atención este texto, en este periodo especial que es la cuaresma me parece el texto justo...porque nos invita a vivir con exuberancia, pero no la exuberancia de quien hace grandes cosas, sino la exuberancia de Nazaret, del día a día, en las pequeñas cosas, en vivir estos signos que el Señor nos regala y que transforman cada día haciendolo diferente. Espero que esta exuberancia esté presente en nuestras vidas y que vaya acompañada con la responsabilidad de acción, porque sabemos que el Señor está esperando que hagamos esto para Él, para las personas que conocemos y para aquellas que encontraremos en el futuro.
martes, 10 de marzo de 2009
50 Aniversario de la muerte de M.Cecilia Cros
"Iré con el Gran Pequeño de Belén, a través de su lección síntesis "darse". Sea esta nuestra Obsesión común de este año, darse sin medida... de una sola pieza... en optativo... no fría y resignadamente. Darnos... gastarnos... deshacernos en servicio de Él y de ellos. He aquí nuestros amores: Jesucristo y nuestro Instituto, que es la Iglesia, nuestra Comunidad, nuestras Hermanas todas"
"...tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a SERVIR y a dar su vida como rescate de muchos" (Mc 10,45)
Estas fueron las palabras que me vinieron a la mente cuando escuché este fragmento de una de las cartas de M.Cecilia. Darse por amor, entregarse desinteresadamente olvidando cualquier tipo de protagonismo, cualquier tipo de comodidad. Para poder entregarnos de esta manera tenemos que desprendernos, salir de nosotras mismas hasta el punto de ponernos en el lugar del otro.
Podremos entregarnos un día, dos, tres...pero si nuestras bases no están bien cimentadas llegará un día en que todo perecerá. Si nos olvidamos de contar con Dios y con la Congregación, nos hundiremos... Jesús se daba sin medidas, sin horario alguno...siempre, a cualquier hora, en cualquier lugar estaba disponible para todo aquel que le necesitase... actuaba así porque confiaba plenamente en el Padre...en su amor. Ante esto, ¿qué menos podemos hacer nosotras si queremos parecernos cada día más a Él?
GRACIAS M.Cecilia...
"...tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a SERVIR y a dar su vida como rescate de muchos" (Mc 10,45)
Estas fueron las palabras que me vinieron a la mente cuando escuché este fragmento de una de las cartas de M.Cecilia. Darse por amor, entregarse desinteresadamente olvidando cualquier tipo de protagonismo, cualquier tipo de comodidad. Para poder entregarnos de esta manera tenemos que desprendernos, salir de nosotras mismas hasta el punto de ponernos en el lugar del otro.
Podremos entregarnos un día, dos, tres...pero si nuestras bases no están bien cimentadas llegará un día en que todo perecerá. Si nos olvidamos de contar con Dios y con la Congregación, nos hundiremos... Jesús se daba sin medidas, sin horario alguno...siempre, a cualquier hora, en cualquier lugar estaba disponible para todo aquel que le necesitase... actuaba así porque confiaba plenamente en el Padre...en su amor. Ante esto, ¿qué menos podemos hacer nosotras si queremos parecernos cada día más a Él?
GRACIAS M.Cecilia...
domingo, 8 de marzo de 2009
El Rey de las montañas, por D. Daniel Padilla
Algún misterioso hechizo ejercían las montañas sobre Jesús. Algún acicate suponía en su andadura. O quizá era simplemente un símbolo que él utilizaba para estimularnos en nuestro camino hacia lo alto. Y es que la montaña curte a los escaladores, les obliga al sacrificio y la superación, templa su ánimo, y les descubre horizontes increíbles, tanto delante de sus ojos como en su propio interior. Por eso, Jesús subía a las montañas. Para brindarnos desde ellas caminos hacia "lo trascendente", para enseñarnos a trabajar en nuestra propia "transfiguración". Hoy el Evangelio nos cuenta con detalle su "transfiguración" en el Tabor. Ocurrió ante el asombro y el gozo de Pedro, Santiago y Juan que quisieron perpetuar el momento: "¡Qué bien estamos aquí!". Pero me apresuro a decirles que Cristo no fue el escalador de una sola montaña. Subió a muchas. Y puntuó en todas. Podríamos llamarle "el rey de las montañas". Y si recorren conmigo esta especie de guía de montañismo de Jesús, verán que lo que se desprende de todas sus escaladas es siempre lo mismo: una invitación a bellas "transfiguraciones", la nuestra y la de los demás.
- El monte de la Cuarentena. El Djebel Garantal. Es un monte árido, inhóspito, seco. A su planta se ve el Mar Muerto, todo lleno de sal, asfalto y azufre, semejando una lámina grisácea. A este monte subió Jesús para ser tentado por Satanás. No parece por tanto una escalada gloriosa. Es más bien una página de humillación. Pero, ¡ojo!, que este Jesús que se deja tentar tan descaradamente nos está predicando que la victoria sobre la tentación es también camino de transfiguración. Pablo hablaba de "sacar provecho en la tentación".
- El monte de las bienaventuranzas. He ahí otra cumbre desde la que se nos propone "resplandecer como el sol y como la nieve". En efecto, la puesta en marcha del "sermón de la montaña" y la aceptación del espíritu de las bienaventuranzas han sido y serán siempre la receta infalible de la verdadera transfiguración del hombre y de la Humanidad. El hombre que se decide a vivir "con amor" la pobreza, la mansedumbre, la aceptación del dolor, la persecución, se "transfigurará" e irradiará luz a los demás. Las gentes de su lado dirán: "¡Qué bien estamos aquí!".
- El monte Calvario. ¿También es un Tabor esta montaña? ¡También, amigos, también! Es verdad que el Jesús de la cruz, como dijo Isaías, "parece más un gusano que un hombre; no hay en él belleza alguna". Pero ésa es precisamente la paradoja del Calvario: "Por la Cruz a la Luz". San Juan de la Cruz, especialista en oscuridades y muertes, escribió: "Aunque tinieblas padezco -en esta vida mortal- no es tan crecido mi mal –porque si de luz carezco- tengo vida celestial". Entienden por qué Pablo exclama: "¿Dónde está, muerte, tu victoria?".
- La montaña de la Ascensión.- Es el trampolín hacia todas las "transfiguraciones". La de Jesús y la nuestra. La de Jesús, porque, en ese momento salta "a aquella gloria que tuvo desde el principio", ya que nunca dejó de ser "Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios Verdadero". Tabor definitivo, pues, y completo
- El monte de la Cuarentena. El Djebel Garantal. Es un monte árido, inhóspito, seco. A su planta se ve el Mar Muerto, todo lleno de sal, asfalto y azufre, semejando una lámina grisácea. A este monte subió Jesús para ser tentado por Satanás. No parece por tanto una escalada gloriosa. Es más bien una página de humillación. Pero, ¡ojo!, que este Jesús que se deja tentar tan descaradamente nos está predicando que la victoria sobre la tentación es también camino de transfiguración. Pablo hablaba de "sacar provecho en la tentación".
- El monte de las bienaventuranzas. He ahí otra cumbre desde la que se nos propone "resplandecer como el sol y como la nieve". En efecto, la puesta en marcha del "sermón de la montaña" y la aceptación del espíritu de las bienaventuranzas han sido y serán siempre la receta infalible de la verdadera transfiguración del hombre y de la Humanidad. El hombre que se decide a vivir "con amor" la pobreza, la mansedumbre, la aceptación del dolor, la persecución, se "transfigurará" e irradiará luz a los demás. Las gentes de su lado dirán: "¡Qué bien estamos aquí!".
- El monte Calvario. ¿También es un Tabor esta montaña? ¡También, amigos, también! Es verdad que el Jesús de la cruz, como dijo Isaías, "parece más un gusano que un hombre; no hay en él belleza alguna". Pero ésa es precisamente la paradoja del Calvario: "Por la Cruz a la Luz". San Juan de la Cruz, especialista en oscuridades y muertes, escribió: "Aunque tinieblas padezco -en esta vida mortal- no es tan crecido mi mal –porque si de luz carezco- tengo vida celestial". Entienden por qué Pablo exclama: "¿Dónde está, muerte, tu victoria?".
- La montaña de la Ascensión.- Es el trampolín hacia todas las "transfiguraciones". La de Jesús y la nuestra. La de Jesús, porque, en ese momento salta "a aquella gloria que tuvo desde el principio", ya que nunca dejó de ser "Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios Verdadero". Tabor definitivo, pues, y completo
domingo, 22 de febrero de 2009
La verdad os hará libres, Jn 8,32.
Esta frase del evangelio de Juan puede resultar, a veces, una manera fácil de aleccionar a quien realiza el mal, podemos aconsejar con ella, a quien está al límite de alguna situación, pero pocas veces la leemos en los acontecimientos, en los libros, en las personas, incluso en el cine....... ¿es porque no está? Quizás es que no la sabemos ver, esta tarde, después de un sábado de cine acompañado por Peio Sánchez, teólogo y sacerdote además de Director de la
semana de cine espiritual, nos hemos acercado a esta película en clave de fe.
En ella hemos descubierto a un chico, pobre, marcado por el dolor y la injusticia que lucha, sin saberlo por la bondad de corazón y el bien. Es curioso como consigue en un entorno de miseria y corrupción mantenerse limpio, íntegro, persona........ su mayor arma: la palabra y en sí misma , lo significativo de su vida. Os recomiendo verla, disfrutarla, y por qué no? dejarse visitar por este personaje que en ningún momento pierde la luz, que en ningún momento pierde la verdad.
Si queréis documentaros, sólo hay que clikar en el título.
semana de cine espiritual, nos hemos acercado a esta película en clave de fe.
En ella hemos descubierto a un chico, pobre, marcado por el dolor y la injusticia que lucha, sin saberlo por la bondad de corazón y el bien. Es curioso como consigue en un entorno de miseria y corrupción mantenerse limpio, íntegro, persona........ su mayor arma: la palabra y en sí misma , lo significativo de su vida. Os recomiendo verla, disfrutarla, y por qué no? dejarse visitar por este personaje que en ningún momento pierde la luz, que en ningún momento pierde la verdad.
Si queréis documentaros, sólo hay que clikar en el título.
Lo ingresaron por urgencias
Así podríamos resumir la llegada de este paralítico a Jesús. Efectivamente: "Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico". Lo dicho. Lo ingresaron por urgencias. Es lo que parece que se hace hoy. Están nuestras clínicas y hospitales tan llenos de enfermos, que hay que buscar un boquete por donde sea. Lo que pasa es que el Señor, "viendo la fe que tenían", puso, sin embargo, la atención en otra urgencia que a él le debía parecer mayor: la parálisis del espíritu, que, causada por el pecado, va invadiendo poco a poco la vida de todo hombre. Por eso, ante la admiración de los unos y el escándalo de otros, dijo: "Tus pecados quedan perdonados". No se despreocupó, no, de la parálisis física de aquel hombre. Al contrario, hizo que aquellos miembros volvieran a la agilidad y al movimiento. Pero quiso dejar bien claro que la salvación que él venía a traer no se quedaba únicamente en la parte corporal del hombre, en sus necesidades físicas y biológicas, sino que llegaba al hombre completo, cuerpo y espíritu. Por eso, terminaría diciendo: "Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". Pero, antes, le dijo: "Tus pecados quedan perdonados", señalando así que su salvación empezaba desde el interior, desde su espíritu imperecedero. Pero se me antoja que, siendo tan clara la enseñanza, descuidamos constantemente el cultivo de nuestros valores espirituales. Nuestro mundo ha avanzado vertiginosamente en el terreno de la ciencia y de la técnica. Los adelantos han invadido prodigiosamente nuestra moderna existencia. Vivimos rodeados de una proliferación tal de comodidades como no podíamos siquiera soñarlas en épocas anteriores. La realidad ha superado a la ficción. Y este hombre que soy yo, que eres tú, que es él, se ha subido al tren del progreso y no quiere renunciar a ninguna de sus posibilidades. Hemos entrado por la puerta de urgencias con todas nuestras camillas, para sanear nuestra salud (¡valga la redundancia!), para sanear nuestra cultura, y nuestra economía, y el confort de nuestro vivir. Y acaso en nuestro subconsciente pensamos que todo se puede conseguir, que todo está al alcance de la mano. Pero observen una cosa. En la medida en la que hemos saneado (?) nuestra vertiente material, subiéndonos por urgencias en el progreso, en la misma medida nos hemos ido deteniendo en el lento camino de los afanes espirituales. En la proporción en que nos hemos atrincherado tras el televisor, la cadena musical, el coche, la estufa y las diversiones; al mismo tiempo que hemos ido abriendo boquetes de urgencia en el tejado de nuestro vivir para que entraran por ellos todas las sugerentes ofertas de la propaganda y del mercado, en esa misma proporción se nos están escapando por la ventana todas nuestras inquietudes espirituales y religiosas. "Yo no vengo a misa, porque ahora me paso la noche viendo la televisión", me dijo un día un joven, resumiendo muy en esquema, claro, su trayectoria espiritual. Se impone una urgente pregunta: ¿no estará necesitando el hombre de hoy que alguien le diga: tus pecados deben ser perdonados?
sábado, 21 de febrero de 2009
FORMATION DE LA CONSCIENCE
Vendredi 20/02/09 le groupe de formation au Cameroun a eu une journée de reflexion sur le thème "Formation de la conscience" animée par l'Abbé Bernadine C. NSOM.
De cette journée, nous pouvons dire que former la conscience c'est former les quatres dimensions de la personne à savoir l'humain, le spirituel, l'intellectuel et la pastorale. c'est aussi répondre à deux questions fondamentales: qui suis-je? et quelle est ma mission? En plus connaître qui on est permet de savoir où on va et ce qu'on veut faire. Quelque soit où on est, le plus important c'est d'être heureuse.
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